sábado, 7 de mayo de 2011

Stephane Hessel: la resistencia como militancia humanista

Para 1948 un joven alemán nacionalizado francés de 31 años ya conocía a pies juntillas –como muchos otros de su generación- los terrores que podían generar la guerra y el fanatismo político. Perteneciente a un mundo que había sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial, Stephane Hessel acumulaba para entonces una abundante práctica de resistencia en la que los enemigos a vencer no eran adversarios políticos o gobiernos déspotas al estilo de las dictaduras sudamericanas. Los enemigos a vencer para este joven francés, hoy nonagenario militante pacifista no eran otros más que el supremacismo racial de la Alemania Nazi y el totalitarismo del fascismo italiano.
Stephane Hessel a los 93 años
Primero en el Ejército de Charles de Gaulle y luego en la Resistencia clandestina que los franceses opusieron a la ocupación alemana, Stephane Hessel entendió que la opresión se combate de dos formas: la participación activa por medio de la fuerza y la no violenta. En aquellos tiempos los jóvenes combatieron al totalitarismo con las armas para conseguir el ansiado pacifismo. Hoy, Stephane Hessel profesa un pacifismo activo, sin conformidades, en la que su mayor aporte es el llamado a mantener la indignación.
Hace cinco meses comenzó a circular el libro con que Stephane Hessel ha querido legar a la juventud una chispa y un método para resolver la injusticia de la política militarista y del mercado: la indignación como motor de la actividad y la resistencia pacifista como método de acción. “Indignaos”, como se tradujo el libro en español, abriría en pocas semanas un espacio para la reflexión de la juventud europea.
Su importancia no radicaba en la cantidad de libros vendidos, alta en sí misma pero alejada de los títulos netamente comerciales escritos por J.K. Rowling o Paulo Cohelo. Su título era un imperativo a tomar partido, no a favor de un bando político o ideológico, sino en contra de la indiferencia. Su vida podría llenar infinidad de libros sobre el Holocausto o la Segunda Guerra. En cambio, Hessel prefiere compartir su ideario pacifista con una apelación a la indignación ante cualquier injusticia.
“A la gente joven le digo: Miren alrededor, encontrarán temas que justifiquen su indignación”, dice en uno de sus párrafos.
Edición en inglés de "Indignaos"
Jóvenes en protesta económica
Hessel es escueto en compartir sus anécdotas, pues hablar de la guerra no siempre es garantía de buenos recuerdos. Sin embargo se muestra incisivo al reiterar su participación en el seno de la comisión encargada de redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Con rabia, relata la mezquindad con que los delegados británicos y estadounidenses se empeñaban por limitar estos derechos al rehusarse a aceptar el adjetivo de “universales”, por el que proponían el de “internacionales”. Finalmente fueron derrotados y la declaración quedó tal como la conocemos. Una victoria más para la humanidad.
La fuerza de los argumentos no radica en la edad de quien los emite. La experiencia acumulada por Hessel se mantiene y la comparte con ese llamado a la indignación, capacidad que él, testigo de los actos más inhumanos, jamás perdió.

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