“Si me lo cuentan hace dos meses, no me lo creo”, escribió la mañana del jueves uno de los participantes en las manifestaciones que desde el pasado domingo tienen a España en la mayor crisis de credibilidad de la clase dirigente, y sobre todo con miles de personas en más de 50 ciudades del país exigiendo el respeto a sus derechos políticos y financieros.
El domingo 15 de mayo, luego de una campaña de casi un mes en redes sociales como Facebook y Twitter, Jon Gándara y Fabio Aguirre lograron lo que partidos políticos, de izquierda y derecha, no han logrado: que el entusiasmo de miles de españoles saliera a las calles exigiendo una plataforma política. Por desgracia para los partidos con la voz cantante en España, los miles de manifestantes no eran ni por error adherentes a sus plataformas políticas, sino una generación de desencantados que exigen cambios radicales, tan radicales como la exclusión a la que dicen haber sido condenados de toda la vida.
A principios de abril Gándara y Aguirre iniciaron con pequeñas reuniones a las afueras de la estación Tirso de Molina y en el centro social Patio Maravillas, en Madrid. Pocos días después lograron concentrar su primera manifestación de dos mil personas en la que los congregados lanzaron consignas contra los banqueros, los políticos, y las reformas laboral y de pensiones. El lema asignado para esta manifestación fue el siguiente: “"Sin curro (empleo), sin casa, sin pensión, juventud sin miedo recuperando nuestro futuro".
La generación “perdida”, como la llamó Dominique Strauss Khan -director del Fondo Monetario Internacional-, hacía su primera aparición en el escenario público español. Su escenario no era el plató de los partidos políticos y las campañas mediáticas en busca de votos, sino el de la calle.
Hoy, quien les llamó la “generación perdida” está encerrado en una bartolina de una cárcel del Brox acusado intentar abusar de la empleada de un hotel, y los muchachos a los que subestimó están allá afuera, exigiendo sus derechos políticos y financieros.
Parecía que la caída del director de la institución financiera rectora de las vidas de millones de personas en todo el mundo, era directamente proporcional a las protestas en España. El mismo día que el décimo director del FMI se hundía en la vergüenza pública y despertaba por primera vez en su vida en una celda, 20 mil madrileños salían a las calles para plantarse permanentemente en la Puerta del Sol y cerca de 130 mil más los secundaban en otras 50 ciudades de España.
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| Manifestaciones en Puerta del Sol, Madrid |
“Hoy 15 de mayo de 2011, los ciudadanos de este país, libres, conscientes e indignados hemos salido a la calle en toda España, desde Ovideo hasta Cadiz, desde Vigo hasta Barcelona, para pedir a la clase política y financiera que cambien el rumbo, que no roben nuestra democracia”, leyó Gándara ante miles de personas congregadas en esta plaza de Madrid, a la que muchos se han aventurado a llamar la plaza Tahrir de los españoles.
El discurso no iba dirigido a un partido político o a una administración provincial, sino a los responsables de las finanzas públicas de ese país y de los organismos financieros encargados de controlar la economía de muchos países como si fueran un conglomerado de holdings: “Los poderes económicos y políticos han pervertido el ideal democrático y han saqueado el estado de bienestar por el que tanto se luchó en el pasado, recortando los desechos de todos nosotros: estudiantes, trabajadores, parados, jubilados, ciudadanas y ciudadanos de a pie”, arengó.
Finalmente, el discurso de los primeros convocantes -Gándara y Aguirre, quienes rehúyen su posición como dirigentes- esbozó las primeras ideas de demandas de esta manifestación. “Por una sociedad justa, libre e igualitaria. Por un futuro digno, solidario, sostenible, solidario y, sobre todo, con sentido común. Exigimos una democracia real, ya”.
La andanada del gobierno llegó pronto a la acampada (plantón) que se convocó en la Puerta del Sol. Cerca de 200 elementos de las fuerzas de seguridad pública de Madrid intentaron desalojar a los manifestantes. No lo consiguieron pero lograron llevarse a 19 personas, uno de ellos fue Marcos Rebollo, cuyo testimonio recogió la revista Rolling Stone y que rondó por miles de computadoras, iPhone y Blackberry al día siguiente para alimentar más las ansias de manifestarse de miles de españoles.
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| Marcos Rebollo detenido por la policía madrileña |
A la mañana siguiente, lunes 16 de mayo, cientos de diarios de todo el mundo dieron la noticia del inicio de este movimiento que en Twitter ha tomado tantos hastags como concentraciones hay en estos momentos en España: #spanishrevolution, #democraciaya, #yeswecamp son los más populares. Cientos de manifestantes habían decidido quedarse en la Puerta del Sol a hacer acampada (plantón) como protesta de su descontento a las políticas sociales y financieras. En las principales ciudades de la provincia española otros jóvenes desempleados los secundaban en esta iniciativa: Barcelona, Granada, Cadiz, Zaragoza, Oviedo, Murcia se unían a las acampadas y resistían la intención de la fuerza pública por desalojarlos, como sucedió la madrugada del miércoles en Granada.
Al haber terminado las campañas para la elección de autoridades municipales, el gobierno encontró el pretexto para dispersar las manifestaciones con la veda electoral que por ley se aplica días antes de las votaciones. A los políticos no les interesa lo que digan los jóvenes y a éstos les importa poco el resultado que arrojen las urnas. Para los jóvenes todos los políticos son iguales y anunciaron que “esto no acaba con las elecciones”.
Las elecciones municipales del 22 de mayo son la prioridad para los dos partidos mayoritarios en España: Partido Popular, de derecha, y el Partido Socialista Obrero Español, en el gobierno, han mostrado no sólo una indiferencia sino animadversión hacia las protestas por significar un obstáculo ante el peligro de dejar ganar a su adversario. Izquierda Unida, la única formación de izquierda y que trató de coquetear en un principio con el movimiento 15M se ha mantenido al margen y ha dejado que el río corra en espera de que no les afecte tanto en las urnas.
La llamada #spanishrevolution también ha tenido a sus detractores y críticos, desde aquellos que no entienden que el hashtag en Twitter tenga que escribirse en inglés hasta aquellos que han tachado al movimiento de un alboroto etarra. Otros se han limitado a cuestionar la representatividad que pueden tener 150 mil manifestantes frente a 47 millones de españoles, otros más han enfilado sus baterías contra la falta de propuestas concretas del movimiento 15M.
Algo claro es que con el paso de los días los manifestantes ya empezaron a esbozar algunas propuestas de cambio político: entre ellas figuran una reforma electoral que dé mayor participación a los ciudadanos de a pie –algunos empiezan a hablar de referéndum-, además han empezado a exigir inhabilitación perpetua para todo aquel funcionario que haya sido condenado por actos de corrupción y la eliminación de sueldos vitalicios a los políticos.
Las ideas han saltado a la esfera laboral: hay quienes proponen la fiscalización de empresas en las que se presuma que cuentan con empleados temporales cuando éstos puedan ocupar plazas permanentes. También empezaron a exigir subsidio a las personas desempleadas.
En la esfera financiera empiezan a escucharse voces en dos sentidos. La primera exige que aquellos bancos declarados en quiebra no sean rescatados por el gobierno, sino que sean nacionalizados para beneficio social, y la segunda es la exigencia de acabar con los paraísos fiscales.
Son ya cuatro días de manifestaciones y fue hasta la mañana de este jueves cuando José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España, habló por primera de este movimiento. En su alusión pasó de la cautela: “hay que escuchar, hay que ser sensibles porque hay razones para que expresen ese descontento y esa crítica", a la promesa: “A partir de ahí tenemos que fortalecer, mejorar, todo lo que es el cauce de los países que han conseguido mayores cotas de libertad, que son los democráticos, con democracia representativa y con partidos", consignó El País.
El que no se quedó atrás fue Mariano Rajoy, líder del Partido Popular, quien dijo esta mañana que: “En democracia a los Gobiernos que no están a la altura se les quita con lo más importante que tiene una persona, su voto valiente, libre y decidido”. Como si el voto fuera lo más valioso para los que están en la Puerta del Sol. Cuestión de enfoques.
Por lo pronto, este jueves 19 las calles y las estaciones del metro, las entradas de los cafés, peluquerías y restaurantes de la zona centro de Madrid y de más de 50 ciudades españolas amanecieron con los afiches más variopintos que esta generación ha creado para ahogar su rabia por la falta de futuro: “Injusto es llevar 2 años de becario”, “Violencia es cobrar 600 euros (al mes)”, “Manos arriba, esto es un contrato”, se puede leer en algunos de estos cartelones. Estas cartas que no van dirigidas a Santa Claus, sino al resto de ciudadanos que no se han decidido por apoyar el movimiento Democracia Ya o 15M, como también se le conoce.
Durante este jueves se esperan manifestaciones en distintas embajadas de España. Algunas han tenido la capacidad de convocar a varios cientos de españoles radicados en ciudades extranjeras, como en Londres, donde al menos un centenar de manifestantes corearon consignas en contra de las políticas laborales y educativas españolas. Berlín, Amsterdam, Florencia, París, Praga y Viena son algunas ciudades donde los jóvenes españoles tienen agendadas algunas manifestaciones. Del otro lado del charco se esperan manifestaciones en las embajadas de Bogotá, Buenos Aires y Ciudad de México.
Ya prometieron mantener la manifestación aún después de la jornada electoral. “Esto no se acaba con las elecciones”, se escuchó afuera de la embajada española en Londres.
“Que no, que no, que no nos representan”, “No quiero emigrar, quiero trabajar”, “El pueblo no se calla, sabemos lo que falla”, gritan los españoles. No se callan, ni se callarán en un buen rato porque esto va para largo y parece que en efecto, no se acabará con las elecciones.
Ya veremos qué sigue después del 22 de mayo.
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| Manifestantes en Madrid |



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