miércoles, 24 de agosto de 2011

¿Los animales como sujetos cautivos?

En 1494, en un poblado de Francia, un individuo aprovechó la ausencia de una madre para desfigurarle el rostro al niño que ésta había dejado en la cuna mientras asistía a misa. El acusado, que a causa de las heridas provocó la muerte del niño, fue llevado a juicio. Se cuidaron todas las formas de un juicio penal: se escuchó a la defensa, a la parte acusadora, el jurado analizó los hechos y emitió sentencia. Nada fuera de lo común en la Francia del siglo XV, con la salvedad de que el acusado no era una persona, sino un cerdo que fue condenado a ser mutilado de sus extremidades y colgado en la horca de la plaza principal.

Ejemplos sobran: en marzo de 1986 pobladores de una aldea de Malasia lincharon a un perro por creerlo miembro de una banda de ladrones que tenía la facultad de transformarse en animales para cometer delitos. La historia apareció en primera plana del Financial Times. Lo anterior demuestra que cuando un perro muerde a un hombre no es noticia, pero cuando el hombre juzga, condena y lincha a un animal  por delitos cometidos por él mismo, estamos ante la condena de un inocente, así sea un gato, un perro, un cerdo o una oruga.
A principios de agosto, el alcalde de San Luis Río Colorado, Manuel Baldenebro Arredondo, propuso condonar 200 pesos de los impuestos predial y de suministro de agua potable a quien entregara un perro callejero para ser sacrificado. Con esta medida, explicó, se pretendía remendar las arcas locales y al mismo tiempo “atacar un problema de sobrepoblación canina”. Cuestionado por la existencia de opciones alternativas, como la esterilización y adopción de mascotas desamparadas, las descartó por considerarlas poco efectivas. Esta propuesta detonó en pocos días una polémica en las redes sociales y en el mismo congreso del estado. El conductor de televisión Marco Regil, conocido por sus hábitos veganos y por su actividad en defensa de los animales colgó un video en el que condena esta propuesta y llama a la defensa de los animales.

Sin restar importancia a la necesidad del control animal con fines sanitarios, también es cierto que los animales siempre fueron chivos expiatorios, valga la comparación, de los delitos por acción u omisión cometidos por el hombre. Va otro ejemplo que echa por tierra la creencia de que estos casos de juicios a animales fueron exclusivos de la Edad Media. Si se pensaba que esto no pasaba en México está la historia de una mula que purgaba cadena privativa de la libertad por dar muerte a patadas a la dependienta de una tortillería en un municipio del Estado de México. La noticia, publicada hace algunos años por el tabloide Metro de la ciudad de México, daba cuenta – con no poca hilaridad- de los hechos, aderezados con una acusación de abuso sexual al que era sometido el animal por parte del las unidades equinas del agrupamiento de Policía Montada de aquel municipio.
No olvidemos tampoco que en su aparición pública como grupo armado en Perú, Sendero Luminoso realizó una masacre de perros, a los que colgó en los postes del alumbrado público con la leyenda "Deng Shiao Ping, hijo de perra". La impotencia de allegarse al entonces presidente chino y ensañarse con él por sus políticas "reformistas", hizo que los senderistas se la cobraran a los perros por personificar a su peor enemigo. La culpa, claro, no era del perro, sino del que lo hizo confiar en el humano.

Como se dijo arriba, cuando un perro muerde a un hombre no es noticia, pero cuando el hombre juzga, condena y lincha a un animal estamos ante la escapatoria de una ineptitud de las personas ante sus responsabilidades y en algunos casos de la poca imaginación para recaudar impuestos. De eso, los animales no son culpables, pero a veces sí son sujetos cautivos.

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